DOGMAS DE LA ECONOMÍA CONVENCIONAL

El término “economía” está formado por dos conceptos: “oikos”, casa, y “nemo”, administrar. La economía, por tanto, trata de “administrar la casa”, las formas y los medios de satisfacer las necesidades humanas. Como ciencia social, la economía siempre ha resultado controvertida, pues el modo en que las colectividades y sus integrantes sobreviven y prosperan nunca ha sido una cuestión meramente administrativa. Desde la revolución neolítica agropecuaria, la extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, es, además de una cuestión de saber técnico, ante todo, un asunto de poder político.

Asimismo, con la irrupción de las ciencias ecológicas a mediados del siglo XX la economía está sometida a una auténtica convulsión teórica, ya que los entornos y condiciones naturales, los contextos en que se realizan las actividades sociales, en general, y las económicas, en particular, han llegado a ser objeto de comprensión y estudio científico. De tal modo que la biosfera con sus ciclos, interacciones y ecosistemas ha pasado de ser un mero recurso para las actividades económicas a constituir la condición de las mismas.

Un giro copernicano en el foco de la ciencia económica que ha hecho saltar por los aires muchos de los fundamentos y proyecciones académicas de la disciplina: primero, por la conciencia, contrastada empíricamente, de las múltiples condiciones y límites que determinan la sostenibilidad de las prácticas económicas; después, por la panoplia de nuevos modos y maneras de desarrollar la economía que se vislumbran desde esa comprensión ecológica, tan viables y eficientes técnicamente, como contrarias al modo de hacer convencional hegemónico.

Con el desmoronamiento de la concepción neoliberal de la economía y el fracaso de su globalización económica se han abierto un sinfín de oportunidades para reconducir las actividades materiales y formales de obtención de medios de subsistencia y progreso hacia la sostenibilidad ambiental. Desde el punto de vista científico, nada impide salir de esta gran depresión con la lección aprendida y centrándonos en la reencontrada solidaridad humanitaria y la descubierta viabilidad ecológica. Pero, de hecho, las rémoras ideológicas que contaminan los conocimientos de esta ciencia social y los fuertes intereses creados en torno al acaparamiento de los recursos y los excedentes pesan, todavía, como una losa.

Por eso, a pesar de la gravedad de la situación de empobrecimiento generalizado que el conjunto de las sociedades padece a nivel mundial, se persevera en políticas sociales y económicas notoriamente contraproducentes. Por eso, se continúan repitiendo como verdades evidentes, lo que ya no son más que prejuicios caducos, meros dogmas de fe, contrarios a lo que se pretende un conocimiento contrastable y técnico.

Y así, seguimos escuchando por los canales del Sistema que es el comercio internacional, sin restricciones de conveniencia social o ecológica, el que debe prevalecer sobre la urgente recuperación de las economías locales; que el Estado social y democrático -aunque nada impide actualizar las Administraciones en transparencia, eficacia y eficiencia- es un mal agente económico; que es la iniciativa privada el mejor motor del desarrollo económico eficiente, sobre todo, las macro empresas multinacionales con ánimo de lucro; que es con muchos recortes en los servicios públicos sociales y mucho crecimiento en la producción para la exportación como saldremos de este hundimiento civilizatorio. Contra toda evidencia.

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